martes, 18 de septiembre de 2007

Lo bonito de andar en bus

Cómo preferir ir en carro, y pensar que hay miles de personas ya sean chiquitos de mami o papi o no que en su vida han experimentado un viaje en bus público.

Cuando no cabe un alfiler en esos días de aguacero cerrado y tras de todo las ventanas cerradas; el olor caracterizando a cada persona, después de todo un día de arduo labor, el haber partido del hogar muy temprano y las manecillas del reloj marcan las seis de la tarde, tras de todo hora pico.

Tato vendedores de lapiceros, chocolates o como ellos dicen stickers ya sea de: cars, hello kitty, el hombre araña, niña fresita y winnie pooh, ni un solo personaje medio latino o tico, podrían hacer unas de Juan Santamaría, aunque no se venda hacer el intento... como alcohólicos o narcóticos anónimos, el niño vendiendo gelatinas y papas o chayanne chimuelo dedicando canciones de amor o conquista a las chiquillas bonitas...

Jajaja, en el bus se goza, se disfruta y lo mejor de todo se cambia la rutina, nunca un viaje será igual a otro.
Cierto que Costa Rica no posee una identidad cultural definida o muy establecida por esas malas mañas de imitar a los países disque desarrollados nos estancamos todavía más obteniendo una identidad errónea, ya que no somos nosotros auténticos. Por ejemplo dos muchachas detrás mio, en el bus por supuesto hablan inglés, y es obvio son ticas, porque nadie se digna a aprender un poco los dialectos de nuestra tiquicia los originales, claro está donde putas los aprenderemos que yo sepa en ningún centro educativo enseñan bribrí u otro parecido, hasta los mismos inditos lo están perdiendo y poco a poco se han ido españolizando como todos los demás.
Se puede ver lo poco que nos queda, la forma de vestir; observando a cada uno y batear a qué se dedican, ya que todos viajamos en bus. El chamaco con uniforme del cole, el legítimo artista desaliñado, el boboshanti, la hippisona paciente y relajada, la madre con los carajillos pa arriba y pa abajo, el señor amargado que tal vez no logró lo deseado en la vida, el ragga con sus audífonos a todo volumen compartiendo la música con los demás, el metalero que se le queda viendo raro y se pregunta cómo es posible que el compa oiga esa música y ande esa ropa puesta; como si el nunca se observara en el espejo o sordo estuviera, el constru, la secretaria, ese con la guitarra en la espalda, la gordita cargando la bolsa de mus manni, las señoras coquetas y otras más arrugaditas...
La gente mayor es otra dimensión, hasta obtienen por supuesto un trato diferente.
Hoy se monta una señora al bus:
- ¿Cuánto es? - 190, contesta el chofer -Pero señor es sólo el mío. El con una sonrisa, levantando los hombros le dice: Diay si, 190. La señora no lo podía creer, se resignó a sonreír también.
De niña fiesta habría hecho con esa platita, me extrañó que no usara los tiquetes de ciudadano de oro pa pagar el bus.

Se aprovecha más en bus que en carro, si tuviera ya fuera un carro o una scooter no podría estudiar, dibujar, escribir, observar, o simplemente pensar en el trayecto hacia mi destino. Malgastaría tiempo manejando, mi viaje sería rápido, monótono y quizá más estresante.
Es genial todos somos protagonistas. ¿En qué irán pensando, cómo hacen nada en el trayecto, simplemente se sientan y esperan llegar donde deben?
Aveces me pregunta si alguien más se digna a observar y ha llegado a percibir a esta charlatana sentada en el bus sumergida en su mundo y en el de todos.
Todos andamos en bus, ticos mixtos con un cierto aire europeo, otors agringados, unos más negritos que otros, los achinados, los que poseen facciones indígenas y los normalones que ni fu ni fa.

En fin cambia de vez en cuando, haz cosas nuevas puedes empesar por volverte a montar al bus público cosa que quizá no hacías desde que tienes culito de motor.
Disfrútalo y medita lo bonito de andar en bus.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Anita! Wow! Esto es simplemente lo mejor que haz escrito desde que te leo. Si Costa Rica tiene algun patrimonio nacional, son los buses. Creo que es algo genuino de la tiquicia y definitivamente algo magico. Ponerse a filosofar y psicoanalizar a los personajes en el bus es una de las mejores experiencias de las que he tenido el honor de participar. Cada bus es diferente, cada bus es su propio mundo. No es lo mismo el bus de La Carpio al de Escazu o el de Santana. Cada bus es una experiencia diferente e inolvidable. Que genial idea rendirle tributo a tal cosecha costarricense. Y sabes que? A veces, mientras manejo en mi carro, preferiria estar en Costa Rica, entre el tumulto de la hora pico en ese bus con un olor peculiar, a llegar a mi casa en 15 minutos despues del trabajo, saltandome las luces rojas y sin ninguna anecdota que guardarme en el bolsillo.

Me encanto este post!