domingo, 23 de marzo de 2008

Mural en Pavones



Inseguridad fue el sentimiento al partir hacia bella travesía.

Aventurada a una tierra desconocida que sorpresas me daría... muchas sorpresas.

Viaje largo, exhausto y sumamente caluroso, bordeando la frontera con Panamá la calle de lastre

hacia el gigantesco mar nos transportó. Ahí estaba el veterano, cristalino, acompañado por inmensas rocas cubiertas de cangrejos y sal escondida en ellas.

Atardecer bienvenida dio, el celaje tomó tonos rojos, naranjas, violetas, y el sol con su danza sensual cautivó a todo ser vivo que lo observó.

Velero compañero de vivo Sol, juntos danzaron un instante.

Sorprendente el susurro de los congos en la madrugada, gritando un nuevo día, a lo lejos, magia segura se efectuaba; sonidos de nunca olvidar, deseo de escuchar de nuevo toda la vida tendré porque mitología recordaron y bosque en único se transformó.

Objetivo de viaje pintar fue.

Pintar, pintar, pintar, que lindo; mariposa morfa, manigordo, rana, lapa y pelícano. El cariblanca me asignaron para darle vida en un mundo donde risas, juegos y enseñanzas se llevan a cabo.

Qué experiencia más hermosa fue ir a pintar a Pavones, increíble, no imaginé que en tiquicia todavía quedaban lugares como este. Donde la gente inocente es, benevolencia en ellos está, y los domingos en el bar de Kali se cocina un cerdo a la leña para que los que quieran y tengan platita tomen birra, con boquita de chicharrón y ceviche.

Claro que los extranjeros locales no faltan en las remotidades de Costa Rica, ajenos a un país y lo conocen mejor que los propios dueños. Al menos, interesados en el trabajo que realizábamos estaban, agradecidos como si la causa fuera para ellos, jejeje creyéndose los dueños de la comunidad; gracioso fue y hasta birras frías después de un arduo día de pintar nos llevaron, y esta que escribe, no toma alcohol, sin embargo la cerveza me tentó y rica me supo con la sed que tenía rapidito se fue.


De Pavones partí con melancolía, al menos mural inconcluso está y a terminarlo debemos volver.


Lo único que me hacía volver al babilon de la ciudad de San José con alegría era ver a ese hombre, quien me esperaba con ancias de travesía contar y abrazarnos por las lunas que nos distanciaron.

1 comentario:

Naty dijo...

Bueno... ni tan susurro el de los congos!! jeje

Pero es hermoso redescubrir poco a poco tikicia